La discriminación y el racismo quita el sueño, literalmente, a los inmigrantes latinos ya adaptados a vivir en Estados Unidos, según un estudio de la Universidad Brigham Young (BYU) en Utah.
Tras dos años de investigaciones y cientos de entrevistas con inmigrantes latinos, el doctor Patrick Steffen, profesor asociado del Departamento de Psicología de BYU, concluyó que existe una conexión entre el racismo (real o percibido) y la falta de sueño entre inmigrantes hispanos asimilados a la cultura estadounidense.
El estudio publicado en el número más reciente de la revista especializada Ethnicity and Disease afirma que si la persona afectada no busca ayuda los problemas de salud se complican, llegando incluso a alta presión sanguínea, deficiencias inmunológicas y enfermedades coronarias.
"Hemos encontrado que el racismo tiene un impacto en la calidad del sueño, y que esas perturbaciones del sueño se relacionan con la depresión", explicó Steffen, quien define su campo de estudios como "psicología de la salud multicultural".
"Las personas que experimentan racismo se quedan pensando sobre lo que les sucedió durante el día, sintiéndose preocupados por su habilidad para tener éxito cuando se los juzga por algo distinto que sus méritos, es decir, el color de la piel o la manera de hablar. El sueño es el camino que usa el racismo para causar depresión", agregó.
Steffen aprendió español mientras trabajaba como misionero en España. Tras regresar de ese viaje y completar sus estudios en la Universidad de Miami, en 1998 se trasladó a Utah y comenzó a trabajar como consejero clínico de inmigrantes hispanos afectados por estrés y por depresión.
Luego, en el 2000, Steffen decidió explorar las condiciones sociales que crean enfermedades psicosomáticas, y en el 2003 publicó un estudio en el que demostró que las personas afroamericanas víctimas de racismo tienen la presión sanguínea más alta que lo normal.
En ese estudio, realizado mientras Steffen estaba en la Universidad Duke, explicó que las víctimas de racismo sienten rabia por la situación que atraviesan, pero que esa ira "se contiene y se internaliza, sin expresarse abiertamente".
Por eso, sube la presión sanguínea, especialmente durante la noche, aumentando así la posibilidad de un ataque al corazón.
También en el 2003, gracias al apoyo de la Asociación Estadounidense del Corazón (American Heart Association), Steffen y otro investigador de BYU, Matthew Bowden, iniciaron el estudio de la interconexión entre racismo, calidad del sueño y depresión en la comunidad méxicoamericana.
Para este estudio se entrevistaron a 168 inmigrantes hispanos con una residencia promedio de cinco años en Estados Unidos. A cada uno se le realizó una evaluación física y mental, y se le pidió que respondiese a un cuestionario.
"Enfocamos el tema de distintas maneras. Estadísticamente, sin embargo, el caso más fuerte es el del sueño como la conexión entre racismo y depresión", comentó Steffen.
Aclaró que el problema no afecta tanto a los inmigrantes recién llegados, ya que, por no saber todavía suficiente inglés ni conocer la cultura estadounidense, no siempre detectan que se los están discriminando.
Para los recién llegados, las tensiones y preocupaciones surgen por otras circunstancias, como cambios en la dieta y en la actividad física, falta de un grupo de apoyo, ansiedad sobre trabajo y finanzas, y el hecho de vivir en una nueva cultura.
Pero aquellos latinos con varios años de residencia en el país, y ya más integrados a la sociedad, y con un mayor dominio del inglés, están conscientes de como los tratan. Y cuando experimentan racismo, pierden el sueño.
Steffen reconoció que "resulta imposible eliminar el racismo", por lo que aconsejó que los inmigrantes hispanos reconozcan "de dónde provienen los problemas de insomnio y depresión".
"Algunos inmigrantes no reconocen lo que les está pasando, debido al cambio de una cultura a otra. Una vez que uno reconoce las causas, se puede tratar el problema con mayor efectividad", sostuvo Steffen. "Pero para eso se debe buscar a un consejero profesional", concluyó.