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China dijo el viernes que el disidente ciego Chen Guangcheng podría pedir estudiar en el exterior, lo que indicaría que se acerca el final de la crisis diplomática que ha tensado las relaciones entre Pekín y Washington.
Pero algunos expresaron su cautela sobre las expectativas de que haya una solución rápida para Chen, que se encuentra ingresado en un hospital de Pekín, ya que los dirigentes chinos están inquietos con parecer blandos, puesto que podría animar a otros a retar el mandato del Partido Comunista antes de un cambio de poder que va a haber este mismo año.
El anuncio del Ministerio chino Asuntos Exteriores llega después de una petición y dramática petición de Chen, que habló por teléfono ante una sesión del Congreso estadounidense y pidió que se le permitiera pasar un tiempo extra en Estados Unidos después de huir de 19 meses de una retención domiciliaria extrajudicial en su pueblo.
"Chen Guangcheng está siendo atendido en un hospital", declaró el portavoz del ministerio Liu Weimin en un breve comunicado.
"Si quiere estudiar en el exterior, puede pedirlo por los canales normales a los departamentos relevantes de acuerdo con la ley, al igual que cualquier otro ciudadano chino".
La secretaria de Estado, Hillary Clinton, mostró su satisfacción por los "progresos hechos para ayudarle a tener el futuro que quiere".
"No se trata solo de activistas muy conocidos. se trata de los derechos humanos y de las aspiraciones de más de 1.000 millones de personas aquí en China y de miles de millones más en todo el mundo, y se trata del futuro de esta gran nación y de todas las naciones", declaró Clinton, que se encontraba en Pekín para unas negociaciones estratégicas y económicas.
"Seguiremos implicados con el Gobierno chino al más alto nivel y poniendo estas preocupaciones en el corazón de nuestra diplomacia. Hemos sido muy claros, y estamos muy comprometidos con cumplir tanto sus opciones como nuestros valores", agregó.
Poco después, el Departamento de Estado de EEUU informaba de que se le ha ofrecido a Chen una beca en una universidad americana, a donde podría viajar con su familia, y que esperaba que el Gobierno chino atendiera la solicitud con rapidez.
La crisis estalló la semana pasada, cuando Chen se refugió en la embajada estadounidense, donde permaneció durante seis días. El miércoles, responsables estadounidenses lo llevaron a un centro médico de la capital, tras recibir garantías por parte del Gobierno chino de que tanto su familia como él recibirían un tratamiento mejor.
Pero pocas horas después, el disidente de 40 años cambió de opinión, rompiendo lo que parecía un delicado acuerdo entre diplomáticos estadounidenses y chinos para que pudiera ser tratado de un pie roto y pudiera reunirse con su mujer y sus dos hijos.
Chen sigue preocupado por su futuro y el paradero de unos familiares que al parecer le ayudaron a huir y que han sido detenidos por las autoridades en la provincia rural de Shandong, en el este del país.
Poco antes del anuncio, dijo a Reuters: "Mi situación aquí no es muy buena. Acabo de enterarme de que cuando han venido amigos a verme, han recibido una paliza".
"Además, durante dos días no he podido reunirme con diplomáticos de la embajada estadounidense. Vinieron aquí, pero no han podido entrar para verme. Creo que esta situación es muy mala", afirmó.
Este asunto ha ensombrecido la visita de Clinton a Pekín para unas negociaciones que pretendían mejorar las relaciones entre las dos mayores economías del mundo.
Uno de los diarios oficiales chinos acusó a Chen de ser un peón en manos de la suberversión americana del poder del Partido Comunista.
"Chen Guangcheng se ha convertido en una herramienta y en un peón para que los políticos americanos manchen a China", dijo Beijing Daily.
Responsables estadounidenses han defendido su gestión del caso, que ha sido criticada por los republicanos y simpatizantes de Chen, un activista que entre otras cuestiones hizo campaña contra los abortos forzados de acuerdo con la política china de un solo hijo.
El Partido Comunista acometerá este año un cambio de liderazgo, en una transición cuidadosamente orquestada que se ha visto empañada también por la caída del ambicioso alto cargo Bo Xilai, en un escándalo vinculado con el aparente asesinato de un empresario británico.