Acusados de elitistas, Barack Obama y su probable adversario republicano en la presidencial del 6 de noviembre, Mitt Romney, multiplican sus declaraciones de empatía y comprensión hacia los estadounidenses más afectados por la crisis económica.
Durante sus intervenciones políticas, estos dos hombres adinerados y diplomados de Harvard tratan de convencer a los electores de clase media de que están a la escucha de sus dificultades contrariamente a su adversario, lo que a veces provoca escenas rocambolescas.
Desde el inicio de las primarias republicanas, el equipo de Obama presenta a Romney, un empresario millonario, como alguien fuera de la realidad.
El ex gobernador de Massachusetts "está en un agujero espacio-temporal", ironizó el estratega electoral de Obama, David Axelrod, esta semana en un programa de la cadena de televisión CBS. "Creo que cuando ve 'Mad men' piensa que se trata del informativo central", añadió refiriéndose a la serie que se desarrolla en una agencia de publicidad de la Nueva York de los años 60.
El propio Romney, con una fortuna personal valorada en 250 millones de dólares, abrió el flanco por el que disparan ahora los demócratas.
El pasado mes de febrero, declaró "que no le preocupan los muy pobres", antes de reconocer su equivocación. Un mes antes había afirmado cándidamente "apreciar el hecho de poder despedir a la gente que trabaja para él", meteduras de pata que fueron inmediatamente aprovechadas por el equipo de Obama.
Pero Romney, que ha consolidado esta semana su estatuto de favorito en tres primarias, acusa a su vez a Obama de elitismo "alejado de la realidad".
El pasado martes Romney, nacido en una familia de industriales, alabó el "gran corazón" de los ciudadanos de clase media que viven en la América profunda. El republicano ironizó sobre "los años (pasados por Obama) volando en el Air Force One rodeado de un equipo de adoradores". "Algo suficiente para hacer perder el sentido de la realidad", afirmó.
Obama está utilizando un tono populista para defender desde hace meses una economía "construida para durar". En las elecciones de 2008, su rival de entonces, John McCain, logró la adhesión de la mayoría del electorado de clase media blanca, que tiene la llave de estados clave como Ohio y Pensilvania.
En sus entrevistas, el presidente de Estados Unidos multiplica las apreciaciones sobre los deportes de equipo, profesionales o universitarios, y no pierde una ocasión de hacer una escala en un restaurante del Estados Unidos profundo durante sus desplazamientos. Obama pide los sándwiches y gaseosas que tanto desaprueba su mujer, Michelle, comprometida con la mejora de la dieta estadounidense.
Obama no falta a ninguna cita, como cuando en el día de la San Patricio, patrón de los irlandeses, apareció en un pub de Washington para tomarse una cerveza Guinness. El presidente repite en sus discursos que todas las noches lee diez de las cartas que le envían los estadounidenses y que en su casa limpia los excrementos del perro.
Michelle Obama, por su parte, fue recientemente fotografiada mientras hacía la compra en un supermercado de la periferia sur de Washington.
Romney, que ha cambiado los trajes por los vaqueros con camisa desabrochada, exhibe también en la red social Twitter varias fotos masticando un sándwich en el local de una cadena de comida rápida.