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El islamista Mohamed Morsy, elegido presidente de Egipto, dijo en una entrevista con la agencia iraní Fars el lunes que quería ampliar las relaciones con Teherán para crear un "equilibrio" estratégico en la región.
Las relaciones diplomáticas entre ambos países llevan rotas más de 30 años, pero ambas partes han señalado un cambio de política desde que el ex presidente Hosni Mubarak fuera derrocado en una revuelta popular el año pasado.
Fars citó a Morsy diciendo que unas mejores relaciones con Teherán "crearán un equilibrio de presión en la región, y esto es parte de mi programa".
Estas declaraciones podrían perturbar a las potencias occidentales que tratan de aislar a Irán por su programa nuclear, del que sospechan que lo usa para construir bombas atómicas. Dieron la bienvenida con cautela a la elección de Morsy, pero dejaron claro que la estabilidad en Egipto es una prioridad.
Fars dijo que el político egipcio habló unas pocas horas antes de que se anunciara el resultado de las elecciones, y que una versión completa de la entrevista se conocerá posteriormente.
Preguntado sobre unas informaciones de que, si era elegido, su primera visita de estado sería a Arabia Saudí, archirrival regional de Irán, Morsy dijo: "No dije tal cosa y hasta ahora no se han decidido mis primeras visitas internacionales tras mi victoria en las elecciones".
Su victoria sobre el ex general Ahmed Shafik en las primeras elecciones libres de Egipto fue alabada por Irán como una "visión espléndida de la democracia" que supuso el final de una fase de "despertar islamista".
Egipto, de mayoría suní, e Irán, de mayoría chií, son dos de los países más grandes y más influyentes en Oriente Próximo, pero no tienen relaciones formales desde 1980, tras la revolución islámica en Irán y el reconocimiento egipcio del Estado de Israel.
El ministro de Exteriores de Egipto dijo el año pasado que El Cairo estaba preparado para restablecer las relaciones diplomáticas con Irán, que ha defendido la mayoría de las revoluciones de la Primavera Árabe y las rebeliones antioccidentales inspiradas en su propia revolución islámica de 1979.
Pero ha apoyado con determinación al presidente sirio Bashar el Asad, el aliado árabe más próximo a Teherán, que está lidiando con una revuelta en su contra, y en su país continúa ignorando las demandas de reformas, que llegaron a las calles tras la controvertida reelección del presidente Mahmud Ahmadineyad en 2009.