Del 20 de julio al 26 de julio de 2002
Se buscan revolucionarios; no
expertos en hojas de cálculo Excel
MIKEL AMIGOT, IBLNEWS
Estamos en un mundo web y todavía no hemos visto nada. La comunicación
instantánea y ubicua por banda ancha supone un cambio radical. La empresa, y con
ella todos los procesos de gestión, están en vísperas de una transformación
absoluta. El estallido de la burbuja especulativa provocó el espejismo de que
Internet era un camelo; ha habido, y todavía persisten, quiebras, despidos y
pérdidas económicas, lo cual lleva a la mayoría a desconfiar de las tecnologías.
Pero si analizamos el paisaje después de la batalla con detenimiento, ¿qué
observamos? Se han hundido, como norma general, los oportunistas, los
especuladores, los acólitos del dinero fácil.
Quien tenía conceptos sólidos, quien tenía la visión, quien aprovechó Internet para materializar los sueños y las ideas empresariales sigue ahí, y por paradójico que parezca (pues la crisis lo inunda todo), está con más fuerza que nunca.
Conviene releer el discurso de Carlos Barrabés, uno de los ciberempresarios de más éxito en el mundo hispano y en Europa. Lejos de ser palabras huecas y efectistas para granjearse el aplauso del auditorio, son recetas de éxito de un emprendedor que factura al año más de cinco millones de euros. La banda ancha, como dice Barrabés, lo cambia todo. Es la Internet que habíamos soñado.
Sin embargo, ha llegado tan pronto que nos ha sorprendido con el paso cambiado. Todavía no hemos salido de una crisis financiera y de pronto se nos abre un mundo infinito que desborda la imaginación. Los empresarios no se lo creen y los clientes, de momento, tampoco. Tenemos el escenario pero no tenemos todavía el mercado. Aún así, el banderazo de salida ha sido activado.
¿Que pasará cuando entre en negocios la Generación de la PlayStation?
Tal vez no existan empresarios capaces de comprender y asimilar la magnitud de la revolución. Pero cuando la denominada Generación X y Generación Y, aquella que ha nacido y se ha formado con la PlayStation, la GameBoy, la Internet de banda ancha y el teléfono móvil, salte al mundo de la gestión... que Dios nos coja confesados, como advierte el gurú estadounidense Tom Peters.
Estos niños y adolescentes, que no se sorprenden por nada, están acostumbrados a disponer de todo en cualquier momento. Como dice el referido Peters, poseen expectativas infinitas sobre la disponibilidad inmediata de información sobre cualquier cosa. Como suena. Están diametralmente alejados de la cantinela que se escucha en despachos de empresas tecnológicas de Latinoamérica y España de que "todavía tal o cual avance tardará en arraigar".
Mientras unos creen que GPRS, por poner un caso, está todavía algo verde, otros utilizan envases de patatas Pringles para crear comunidades Wi-Fi, o, por citar otro caso, presionan a diario a los fabricantes de videojuegos para que mejoren los juegos en 3-D que a los adultos les cuesta comprender.
Quienes se escudan en el argumento defensivo del "ya veremos qué sucede" tienen los días contados. Esto puede sonar a dejà vu, dado que también lo escribíamos en este periódico allá por el año prehistórico de 1998, antes del boom especulativo. Entonces, la expectativa fue hábilmente cubierta por los ejecutivos salidos de las escuelas de negocio, con una destreza inigualable en la redacción de Business Plan y en la confección de hojas de cálculo Excel. Unos pocos se hicieron multimillonarios a costa de engañar a la mayoría. La escuela McKinsey ha desaparecido (o, al menos, ha perdido su credibilidad) en paralelo al hundimiento de las Bolsas.
El cóctel banda ancha-movilidad-interactividad lo cambia todo
Empieza ahora la segunda, tercera o cuarta -no se sabe bien- parte del match: la hora de los negocios en banda ancha con clientes reales e ingresos auténticos; con riesgos de inversión de quien piensa en construir algo y no salir corriendo deslumbrado por el oro, a la menor oportunidad.
No hay un mundo virtual y otro físico. Es el mismo. La diferencia con el pasado es que hay comunicación por banda ancha. La idea de la transmisión de datos a cuentagotas de una línea a otra con que nació Internet, ha dado paso a este otro escenario de usuarios móviles, conectados en tiempo real transmitiendo vídeo, audio y volúmenes gigantescos de información. En un mundo global y único. No exageran, por esta vez, los visionarios cuando sostienen que "o estás en el tren o lo has perdido".
Se necesitan desesperadamente revolucionarios. Gentes dispuestas no tanto a asumir nuevos conocimientos, como a liberarse de los viejos esquemas y pensamientos del pasado que nos atenazan. El colapso financiero ha actuado como el filtro depurador más poderoso de cuantos han existido. No ya por haber enviado a la ruina económica a decenas de miles de talentos, sino por haber propagado un mensaje de desconfianza atroz hacia las nuevas tecnologías. Las Bolsas han cercenado la imaginación de la inmensa mayoría de los soñadores que habían abrazado la fe digital.
Sólo algunos, contadas personas en el mundo hispano, han esquivado la trampa y han salido -o esperan salir, pues la tormenta no ha terminado- fortalecidos de la hecatombe. Ajenos a la crisis, los chavales de la PlayStation se ríen de la cuitas de los adultos que dudan de la tecnología. El cóctel banda ancha-movilidad-interactividad se agita cada día con más vigor en un momento en el que se hunden los viejos esquemas y los mastodontes empresariales concebidos al estilo clásico, de gasto y más gasto, manipulación mediática, enfoque bursátil y recelo escéptico. Entiéndase esta premisa: estamos en un mundo web y todavía no hemos visto nada. Demasiado vértigo como para permanecer inactivos este verano.
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